Marrakech
Murallas de la medina de Marrakech

Marrakech tiene  una  larga historia, tan antigua como imperial. Pero es una ciudad aun más hermosa en la leyenda que en la historia. Aunque se confunden, la leyenda no falsea la verdad, solo convierte en mas bella la historia.

    Marrakech la fundan los almorávides en su expansión hacia el norte. Cuando los beréberes islamizados del Atlas llegan hasta Al andaluz en el siglo 11 y conquistan todos sus reinos. Un siglo después, los almohadas la enriquecen. La embellecen y la convierten en su capital. Construyen mezquitas y madrasas al estilo llamado hispano-musulmán. Y edifican la Kutubia. El más bello alminar de la ciudad, siguiendo el modelo de la Giralda de Sevilla.

En la ruta de Tombuctú

En aquellos siglos lejanos, Marrakech se convierte en la parada obligada  de las ricas caravanas que desde Tombuctú, después de cruzar el Sahara y atravesar por  sus fértiles valles las altísimas cumbres de la cordillera del Atlas, seguían su ruta hasta el Mediterráneo y, atravesando el estrecho de Gibraltar con sus camellos y guerreros, llegaban a las mejores ciudades de Al andaluz, la frontera extrema del mundo islámico con el cristiano en la edad media.

     Desde entonces hasta principios del siglo 20, con la llegada de los franceses, Marrakech no cambia apenas, sigue siendo un magnifico palmeral con un fabuloso mercado y unos pocos palacios, un jardín muy cerca del paraíso. Por eso la escogieron como residencia y tumba los reyes, los santos y los poetas. Aun hoy se visitan algunos de estos lugares. Las ruinas del palacio  el Badi (siglo 16), con muros de adobe donde hacen nido las cigüeñas. O el palacio Bahía (siglo 19), un refinado y fastuoso escenario donde hoy se ruedan películas de Indiana Jones  y antes Vivian poderosos señores con sus harenes.

  También  hay tumbas visitables, como las  de  los saadies, descubiertas en 1917 y hoy bellamente protegidas en uno de los rincones mas poéticos de la ciudad, como fuera del mundo, al margen del alborozo callejero que las envuelve. Otra tumba que esta recomendada visitar es la del rey Al Moutamid de Sevilla (siglo 11) a   Agmat, un pueblo cercano, entre olivares y acequias. La vida de este rey poeta exiliado de Sevilla se sitúa entre la historia y la leyenda. Se enamoro de una esclava llamada Rumayquiya, la hizo su esposa y madre de sus mas queridos hijos, para al final compartir su exilio y morir a su lado, Descansan juntos en un apacible mausoleo.