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Marruecos,un mundo de contrastes, Old Kasbah in the middel of the  Rose valley,
Old Kasbah in the middel of the Rose valley

Las contradicciones y los contrastes son el rasgo dominante de Marruecos. Un reino único y antiquísimo que se asoma a las orillas del Mediterráneo. En este rincón del continente africano por dónde se pone el sol. (el-Maghrib el aqsa, el «Extremo Occidente, como lo llamaron los árabes que partieron a la conquista de África del Norte en el siglo VII). La variedad geografíca, humana y económica forma un mosaico complejo, que es al mismo tiempo, obstáculo para el cambio y requisito para un crecimiento que podría cambiar radicalmente el país.

Ante todo, contraste de paisajes: ambientes Mediterraneos y Atlánticos. Imponentes montañas ‘alpinas’ nevadas y llanuras desérticas. Lluvias torrenciales y aridez, monótonos colores ocres y verdes intensos. Frondosos bosques de coníferas y palmeras tropicales. Contradicciones infinitas separan también a los hombres, los marroquíes. Como en un caleidoscopio, están los bereberes divididos en decenas de clanes. Pastores nómadas de las regiones áridas y campesinos de las zonas húmedas. Arabes y descendientes de judíos españoles convertidos, o de los negros llegados del Sahara. O de los pescadores procedentes de la Península Ibérica. Por lo demás, la situación geográfica de Marruecos ha hecho siempre del país un puente entre el occidente Cristino y el oriente islámico. Entre un norte europeo y un sur africano. A pesar de todo, las diferencias más marcadas son sin duda, legantes barrios residenciales de las ciudades de una mayoría de pobres y desheredados, que sufren su condición de marginados en los pueblos chabolistas y en las aldeas rurales.
Adrouinaventure os llevará a descubrir: El Marruecos de las contradicciones y los contrastes,. Que se puede captar saliendo del lujo aséptico de los grandes hoteles : Solo se puede entender por qué tanta gente huye , sin duda, del país más bonito y potencialmente más rico del norte de África. Tanto, que el banco Mondial le augura un papel del líder de todo el continente. Hasta ahora, Marruecos ha vivido ahogado por sus propias contradicciónes. Y no ha logrado romper el círculo vicioso del subdesarrollo. Un crecimiento demográfico excesivo, un analfabetismo que afecta a la mitad de la población adulta. Una agricultura demasiado sujeta todavía a los caprichos del clima, unos recursos preciosos, como el turismo, que se podrán valorar más, un desempleo que roza el 20 por ciento, una clase política y empresarial a menudo inadecuada, y un pasado reciente de autoritarismo y represión. Sin embargo, puede que la ruptura esté más cerca de lo que se piensa porque el rey Mohamed VI parece haber tomado el camino adecuado. Ha lanzado una campaña contra la corrupción y la inutilidad de la clase política, ha concedido una amnistía a los presos políticos, ha hecho volver del exilio a los opositores, muchos de ellos intelectuales expatriados, ha emprendido una serie de reformas en el ámbito de la educación, de la protección a las mujeres y de la ayuda a los más pobres, que en seguida le han impuesto el sobrenombre de«rey de los pobres», colocándolo en una esfera diferente a la que ocupaba su padre, «el rey de los reyes».